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Mi primera carrera de Trail. Crónica de un desastre anunciado

Dernière mise à jour : 11 mars 2022


21 kilómetros, Massif du Sud, Québec, Canadá el 20 de Julio de 2019.


De mi primera carrera de Trail puedo sacar varias conclusiones, unas buenas, otras trágicas. Voy a empezar enumerando los aciertos y los errores de esta primera experiencia.


Aciertos:

●No morí.


Errores:

●Como es costumbre en mí, en lo que a zapatillas, accesorios y ropa técnica respecta, hice todo mal. Soy un “corredor” que nunca invirtió mucho en sus artilugios. Llegado el caso que corrí la carrera con zapatillas de asfalto y no con zapatillas de Trail como si hicieron todos los otros corredores que se presentaron a la prueba.

●El calor fue sofocante y la humedad ridícula. Podría afirmar, casi sin riesgo de equivocarme, que nunca había transpirado tanto en toda mi vida.

●Omití de forma categórica el principio básico de entrenamiento como es el grandioso, único e inigualable “Principio de Especificidad”. Nunca entrené en montaña, por lo cual, al intentar flanquear 21km con 1000mts de desnivel positivo, se vuelve imperioso el entrenamiento con desnivel. Tengo un alegato para este punto…

●La gestión de la comida y, sobre todo, el de la bebida, fue un desastre de proporciones bíblicas.


La carrera comenzó la noche anterior a la señal de partida. Después de mi trabajo como cartero en una ruta con muchísimas escaleras (aunque debo admitir que el día me fue benévolo dado que no tuve mucho volumen de correo), volví a casa donde Amélie, mi compañera, estaba esperándome para ir a buscar el auto que habíamos alquilado para atravesar los 300km que nos separaban de nuestra casa en Montreal hasta el chalet de sus papás en St Severin, un pequeño pueblo rural perdido entre la inmensidad del norte canadiense. Llegamos alrededor de las 10 de la noche a destino. Amélie había preparado una ensalada de pastas con espinacas y tomates para la ruta, alimento que tenía la difícil tarea de llenar mis músculos con glucógeno muscular, ese incorpóreo elixir al que tanta magia le pedimos los corredores de fondo.

Luego del protocolar saludo con sus padres y luego de comentarles lo pronto que me tenía que despertar al día siguiente, se fueron a dormir, seguidos de nosotros dos. La noche se pasó más o menos bien. Me había puesto el despertador a las 6:30, pero después de las 5.30 ya estaba despierto y al no poder volver a dormirme, me levanté, prendí la máquina de café que habíamos dejado preparada la noche anterior, me hice dos tostadas con mantequilla de maní y jugo y empecé a preparar todas las cosas necesarias para la carrera.

Una vez transitada la hora de ruta que nos separaba de la línea de salida, llegamos con 30 minutos de adelanto Amelie y yo al parque Massif du Sud. Habiendo retirado el número de corredor y un gel que ahora debe estar pudriéndose en una lata en mi alacena, caminamos los 300mts que me llevarían al área de salida, donde unos kioscos, incluidos el de MEC (una de mis tiendas preferidas) y el de una cervecería artesanal decoraban el majestuoso paisaje, mientras que de fondo sonaba una canción del señor de los anillos. Luego de un dulce beso a modo de aliento y despedida, Amélie se fue a desayunar. Yo empecé a hacer mis rituales previos a la salida (trote, estiramientos, cambios de ritmo, fila para el baño…, lo de siempre)

Siendo mi primera experiencia en carrera de montaña, no tuve mejor idea que ponerme delante de todo en la línea de salida. Una vez que la cuenta regresiva se quedó sin números empezamos a correr a un ritmo vertiginoso, viendo el caudal de caras desfilar fugaces a lo largo de los primeros metros de bosque. No tardé mucho en darme cuenta de que a ese ritmo iba a vomitar mis pulmones, o morirme, o ambas, por lo cual, menos de dos minutos más tarde, bajé el ritmo y dejé pasar a los más rápidos, diciéndome a mí mismo “ya los vas a atrapar más adelante…” pobre iluso de mí.

La primera verdadera subida no se hizo esperar y ahí ví como los dos que iban a terminar ganando la carrera, dos chicos que corrían sin camiseta, empezaban a desmarcarse del resto. Era un caminito angosto en medio del bosque, con bastante barro dado que había llovido la noche anterior y más técnico de lo que me esperaba (muchas rocas y raíces). Me enojé cuando un chico musculoso me pasó por la izquierda de forma un poco agresiva, haciendo que tenga que dejar de correr para cederle el paso, pensando otra vez para mí mismo: Ya lo voy a atrapar más adelante… Cabe destacar que nunca más lo volví a ver.

Conocía el mapa, eran 21km con 1000mts de desnivel positivo acumulado. Sabía que los primeros 6km iban a ser en subida. Lo que no me esperaba era que fueran tan técnicos y yo, con mis zapatillas asics de asfalto, tuve momentos en los que no podía hacer pie, resbalándome, literalmente, a cada paso que daba. Fue un milagro que saliese de esa carrera con todos mis dientes.

También sabía que había avituallamientos, más o menos, todos los 4km y yo, con mi idea de chico de ciudad con un pace de 4 minutos y pico por kilómetro me dije que sería capaz de recorrer esa distancia en 30 minutos, como máximo, por lo cual decidí que no iba a llevar agua o comida conmigo. Ahí fue cuando me di cuenta que running y Trailrunning son dos deportes diferentes, tan diferentes como la guitarra eléctrica y la guitarra clásica. Ambas comparten principios, pero son tan diferentes entre sí que deberían pertenecer a familias diferentes.



Corredor en plena acción, brincando sobre raices y rocas


Llegué al primer avituallamiento sufriendo un poco, pero no más de lo que me esperaba. Los primeros 4km estaban hechos. Tomé una bebida con electrolitos que estaba más fuerte que el vinagre, un vaso de agua y seguí. Después de eso vino un descenso por un camino de ripio bastante amplio en el cual pude correr a un buen ritmo por la primera vez. Llegué a unos casi 4 minutos el kilómetro, lo cual lo iba a pagar más tarde, pasando a varios corredores y sintiéndome el mismísimo Killian Jornet. Viento en la cara, sensación de velocidad. Cada corredor que pasaba era un punto de autoestima que se pegaba en mi álbum del ego. Pasos largos y veloces, reflejos aceitados, zancadas precisas y seguras, piedritas que salían disparadas luego del aterrizaje de mi pie convertido en una máquina fabricada para correr… guau… Pero la verborragia duró poco y antes de lo que me hubiese gustado ya estaba otra vez subiendo por un estrecho camino rodeado de bosque, donde empecé a sospechar por la primera vez que la elección de zapatillas había sido verdaderamente la errónea. Todavía con suficientes energías, seguí corriendo a un ritmo bastante rápido acercándome al kilómetro 8, tanto así que 2 personas se me acoplaron detrás, usándome de liebre, lo que hizo sentirme importante por varios minutos. Podemos decir que fueron mis minutos de gloria en la carrera, dado que tenía detrás a buenos corredores experimentados. En un momento de humildad, o de lucidez, les pregunté si querían pasarme dado que el camino era muy estrecho y de querer hacerlo yo debía cederles el paso, a lo que me respondieron que no, que yo iba a un ritmo genial y que preferían quedarse detrás un tiempo más. (¿un tiempo más…?)

Ahí entendí el concepto de la palabra “liebre” Me sentía como un maldito conejo siendo perseguido por depredadores, los cuales esperaban el momento oportuno para acelerar e hincarme el diente.

El terreno en esta parte de la cerrera estaba muy bien para ir rápido, hasta había unas maderas que hacían el oficio de puentes en las zonas demasiado embarradas que daban la impresión de velocidad desaforada cuando se corría por ellas, teniendo que dedicarme solamente a no caerme y a evitar que los depredadores, que pisaban mis talones me mordieran el culo. Luego de una caída, la primera de cinco, y después de tropezarme con un palo suelto que se me enredó entre las piernas que casi hace que me mate, decidí, mortificado en el orgullo, bajar un poco el ritmo y dejar que mis perseguidores me pasaran, sufriendo el sentimiento que esto genera, que es como si la persona que te pasa te robase tu energía vital y se la llevara con ella, volviéndose más fuerte y rápida, dejándote lento y atormentado. (Y que tan divertido es sentirlo a la inversa)

El segundo y el tercer avituallamiento se hicieron esperar mucho y mis zapatillas, que para este punto lo que era una sospecha se volvió una completa certeza, empezaron a fallarme en lo que a la tracción respecta. No sé si por que ya estaban empapadas o porque ya empezaba a sentir ampollas debajo de mis pies o porque cada una tenía un tajo gigante en la parte externa de cada pie, o por una mezcla de las tres cosas, pero me sentía corriendo con patines. No podía correr ni en las subidas, ni en las bajadas, lo que puede ser considerado como un gran problema en un Trail en montaña. Yo creo que la falta de tracción, mezclada a una falta de la especificidad en mi entrenamiento (corrí en llano prácticamente el 100% de mis entrenamientos previos a la carrera haciendo caso omiso al principio básico del entrenamiento), sumado eso a una pésima gestión de la alimentación (solo bebí y comí lo que encontré en los avituallamientos, una vez por hora prácticamente, en un día donde el calor y la humedad no dieron tregua, habiendo llegado la temperatura a unos 34 grados), dieron como resultado falta de energía, de coordinación y casi la imposibilidad de contraer los músculos para seguir corriendo al final de la carrera

En un momento, cuando ya mis piernas no querían más y tenía tanta sed que la boca se me había secado como la arena, encontré un arroyo muy pequeño en el que un hilo de agua supo saciarme y darme la hidratación necesaria para llegar al siguiente avituallamiento. Es increíble como el rendimiento deportivo baja en picada cuando no tenemos los nutrientes y, sobre todo, la hidratación necesaria. Y esta sed de mil camellos no fue la última. En los últimos 8km, después de más de 2h de esfuerzo, no tenía ni fuerzas para correr. Después de haberme caído 5 veces y resbalado otras mil a causa de mis zapatillas, había dejado de intentarlo. Me dediqué a caminar hasta que llegué a un arroyo un poco más grande en donde pude beber nuevamente metiendo mi cabeza de lleno en él. Y como por arte de magia, 5 minutos más tarde, estaba intentando correr nuevamente. La gestión de la comida y de la hidratación es capital en este tipo de pruebas y si uno planifica sus entrenamientos de forma asidua, la no gestión de la nutrición puede tirar por la borda meses de trabajo. Pensar que se puede salir de un Trail comiendo y bebiendo solamente lo que nos dan en los avituallamientos es una ingenuidad.

Faltando 2km para llegar, mis piernas no me respondían. Estuve a punto de acalambrarme los dos isquio-tibiales en unas escaleras y en unos puentes que atravesaban un río. Por lo cual otra vez tuve que parar, ponerme a estirar y escuchar de de los corredores que me pasaban la celebre frase: “Ya no falta nada”

Seguramente me olvide las caras de las personas que corrieron conmigo, de aquellos que usé como liebres o de ellos que me usaron como liebre a mí. Seguramente me olvide del sol atravesando las hojas de los Maples en esos giros del camino donde los árboles generaban esa atmósfera tan mágica, del barro en las zapatillas, de las traicioneras y resbaladizas raíces, del aroma del humo cuando pasamos por un camping cerca del final del recorrido, de los tábanos que me siguieron durante tantos kilómetros orbitándome incesantes. Pero seguramente no me olvide de ver a Amélie en la línea de llegada. Tengo una foto de la llegada en la que estoy sonriendo, y no es que estoy sonriendo por haber completado la carrera, que sí, me generó muchísima satisfacción (mismo si habiendo llegado en el puesto 64, cuando fui a buscar mi cerveza artesanal a la que tenía derecho con mi número de corredor ya no quedaba más que una tibia espuma y se habían comido todas las papas fritas), sino que estoy sonriendo por que la vi a ella mirándome y sonriéndome. Las carreras potencian las emociones al factor mil.



Mi cara, detonada, cuando ví en la llegada a Amélie, esperándome con una sonrisa.


De eso se trata todo esto, la vida y el running. De experiencias, de aprender, de ser mejores. Y lo que aprendí en esta carrera es que cambiando unas pequeñas cosas en lo que al entrenamiento respecta y en cuanto a la nutrición se refiere, podría permitirme disfrutar muchísimo más de la carrera y mejorar considerablemente mi resultado.


Primer Trail…, Massif du Sud, Canadá, 20 de Julio de 2019


Pd : Para las próximas aventuras también debería relajarme más en cuanto a resultado respecta y disfrutar, que para eso hago todo esto

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