¿Huevo o Gallina?
- Ariel Vacherand
- 20 déc. 2020
- 3 min de lecture
Dernière mise à jour : 11 mars 2022
¿Será normal ver un camino que se abre en medio de la naturaleza y que nuestro primer reflejo sea querer ir a explorarlo? ¿O que nos entristezcamos cuando tenemos que hacer tiempo extra en el trabajo y se nos arruinen los planes de ese entreno en medio de la semana? ¿Es estar obsesionado cuando miramos nuestras agendas y nos alegramos de que el fin de semana próximo no tengamos planes que nos impidan hacer esa tirada larga que tanto nos emociona?
A mí siempre me gustó el refrán sobre el huevo y la gallina… ¿qué salió primero?
¿Nos gusta tanto salir a correr porque encontramos en esta actividad el pasaporte a nuestros instintos más primitivos? ¿O por qué encontramos el pasaporte a nuestros instintos más primitivos es que nos gusta tanto salir a correr?
¿Seremos el eterno soñador en busca de ese pequeño bosque al que siempre queremos escapar o es que por que queremos escapar a ese pequeño bosque somos unos eternos soñadores? Pero sin ir más lejos… ¿Escapar…? Esa es la primera señal de alerta de que algo no va muy bien. Y no es solo una cuestión semántica. En nuestras vidas de hoy en día necesitamos escapar. Y el correr no es una obsesión, es una forma de encontrarse con ese ancestro que supo evolucionar para poder remarcarse del resto de los mamíferos de la tierra. No es por nada que el running, una vez pasada la moda de pretender alcanzar un alto rendimiento cuando se empieza a correr a los 35 años sin ningún historial deportivo, sea el remedio milagro para la mayoría de los problemas existenciales del siglo XXI y el caballo de batalla para todas las enfermedades que el modo de vida, del que justamente buscamos escapar, nos genera: estrés, depresión, ansiedad, sobrepeso, colesterol, diabetes y la lista continúa hasta el infinito. Y volviendo a la lógica del huevo o la gallina; ¿Nos enfermamos porque no corremos o por que corremos no nos enfermamos?
Cuando se corre lo suficiente y se descubre la verdadera calma de estar solo con uno mismo, durante algunas horas por semana, nos damos cuenta de las prioridades, y ahí, creo yo, radica la hermosura del running; la paciencia. Las personas que llegan a generar el clic con esta magnífica actividad son, ante todo, pacientes. Poder atravesar el umbral de la moda, atravesar el objetivo de querer clasificar para el Maratón de Boston sin nunca haber corrido antes o que el primer objetivo de un sedentario sea terminar un ultra Trail solo para poder presumir de eso en las redes sociales son el reflejo de la sociedad en la que vivimos. Queremos todo ayer. Yo no creo que el running sea una obsesión, creo que hay personas obsesivas que practican el running. Pero también están los que cuando llegan a la cima de una montaña se quedan contemplando el atardecer, sin importarles que su promedio por kilómetro aumente. Quienes cuando salen a correr no necesitan ninguna música “motivante”, sino que encuentran en el sonido del viento pasando entre las hojas toda la motivación que necesitan. Creo que el running es una manifestación humana y de ahí toda la gama de humanos que lo practican. A los impacientes y a los adictos a los kudos de Strava les diría: Intenten por una vez salir a correr sin pensar en los kilómetros. Hagan un jogging ligero por un camino que nunca hayan transitado, sin auriculares, sin distracciones, y verán que pasará algo diferente. Un sentimiento diferente va a invadir sus cuerpos. Lleguen a la cima de esa colina, mismo si el desnivel positivo no va a estar manifestado en la foto de Instagram. Huelan esa flor, la de los pétalos violetas, solo para darse cuenta de que no huele a nada en particular y a todo en general. Respiren, vivan, troten, tropiecen, equivóquense de camino, vuelvan sobre sus pasos, avancen un poco más. ¿Qué metáfora más perfecta de la vida?
Puede ser que sea una obsesión. Pero puede ser también que la vida sea una obsesión. ¿Qué existe más adictivo que la vida al fin y al cabo? ¿A qué se puede aferrar tan fuerte el humano?
Nada. Solo un paso detrás del otro. Tan simple. Siguiendo ese camino o trazando uno nuevo. Siguiendo pasos ajenos o fundiendo en el piso las propias huellas. Correr se parece mucho a eso.
¿Huevo o gallina? ¿Que salió primero? ¿Las ganas de movimiento o el movimiento de las ganas?
Salud!



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