¿Y tu por qué corres?
- Ariel Vacherand
- 13 juil. 2021
- 4 min de lecture
Dernière mise à jour : 11 mars 2022
¿A qué corredor no le preguntaron alguna vez el porqué de sus carreras?
El no corredor no parece entender nuestra motivación. Pero nosotros, corredores, tampoco sabemos explicar muy bien el motivo por el cual corremos. Con cada respuesta nace una contradicción. Pero quizá ahí justamente, en las contradicciones, esté la respuesta. Al fin y al cabo, el filósofo Alemán Hegel dijo una vez: “La contradicción es la raíz de todo movimiento y de toda manifestación vital”. Seguramente se refería al running
Corro por:
Salud: Nunca estuve tan destrozado en mi vida como al día siguiente de haber atravesado un lago congelado, en plena noche, en el norte canadiense, a 18 grados bajo cero. Sin necesidad de esperar al día siguiente, cuando terminé esa carrera de 32km tuvieron que pasar 30 minutos antes de que pudiera cambiarme de ropa, dado que era incapaz de cerrar mi mano para hacerla pasar por las mangas de mis abrigos. Eso sin contar los dolores musculares, lesiones, cansancio crónico y una lista larga de etcéteras que hacen pasar al infierno del Dante como uno de nuestros paseos matinales…

Porque me llena de energía: Esta es quizá la razón más ilusoria de todas. Después de unas buenas series por la mañana antes de ir al trabajo, se necesita una café intravenoso a media tarde para no quedarse dormido delante de lo que uno esté haciendo. Lo que más energías da en la vida es dormir hasta tarde, no levantarse a las 6 de la mañana para ir a correr.
Porque me hace bien a la cabeza: Bueno, ésta es bastante verdad, respetando la dosis… los corredores de Ultras podrán dar fe del desequilibrio mental que acontece una carrera de estas índoles. Cuando se está corriendo una carrera de ultra distancia por momentos se está eufórico, al rato siguiente uno jura por todo su árbol genealógico, pasado y futuro, de no volver a correr nunca más, al rato siguiente se empieza a llorar de la emoción al ver una nube y segundos después se está llorando de rabia por que la subida es más larga de lo que debería ser. Sin contar con las posibles alucinaciones que pueden darse en este tipo de pruebas. La esquizofrenia del corredor en su máxima expresión.
Porque para correr solo se necesita un par de zapatillas: Si…, unas zapatillas…, Quizá nos refiramos a esas para hacer tiradas largas, o a esas otras para hacer series o, mejor aún, a esas de competición que pagamos carísimas porque nos aseguraron que nos iban a hacer correr más rápido, pero que a decir verdad no hacen ninguna diferencia. Sin contar el reloj que nos marca la velocidad, la distancia, la frecuencia cardíaca, la temperatura del agua en el mar meridional de China y que, después de apretar el mismo botón unas 37 veces, también nos da la hora, o las medias de compresión, o la mochila de Trail, o los bastones, o los geles con gusto a sardina y chocolate, o las calzas… Para correr se necesita solo unas zapatillas, pero también se puede ir hasta el infinito con los diferentes artilugios hasta terminar siendo la perfecta mezcla entre Bilbo Bolsón y Robocop.

Para perder peso: 1000 calorías quemadas al correr, 2000 calorías ganadas en descaro, cervezas y asados. Este desbalance calórico se repite semana tras semana. Necesitaríamos dar la vuelta al mundo corriendo, varias veces, para poder quemar todas las calorías que nos metemos. Nuestros estómagos no le hacen asco a nada: Dulce, salado, líquido, sólido, todo es bueno para saber saciar nuestro hambre voraz luego y durante una carrera larga. Gracias estómagos por no fallarnos (casi) nunca a pesar de nuestros excesos gastronómicos.
Porque me gusta: Eso no lo puedo negar. Peeeero… pocas torturas se acercan al infierno ese que vivimos las primeras veces que empezábamos a correr. Dolor debajo de las costillas, falta de aire en el momento en donde todos tus músculos piden a gritos ese precioso gas, pecho en llamas, piernas temblorosas y del lado de vista más psicológico la vergüenza de ver a ese señor, que podría ser tranquilamente nuestro abuelo, pasarnos sin siquiera derramar una gota de sudor. Así y todo, perseveramos y salimos adelante.
Como la mayoría de las cosas buenas de la vida, las primeras veces no nos gustan. Me pasó con la cerveza, con el vino, con algunos grupos de música y hasta con la escritura. Pero si hay algo que nos define a los corredores de todos los niveles, sea el mismísimo Eluid Kipchogue o quien les escribe, es la perseverancia. Pasamos a través de ese infierno inicial, como quien pasa ese primer trago amargo de cerveza. Y ahora descubrimos los beneficios de esta magnífica actividad. Correr nos hace más humildes y pacientes. Pasamos a través del sube y baja de emociones que se vive en una carrera o en un entreno largo. Corremos porque nos gusta vivir aventuras, y en este mundo moderno quedan muy pocas aventuras por ser vividas. Pero correr, amigos míos, es una gran aventura. Y por eso, es que yo corro.




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